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Vivimos en un mundo donde nuestros sentidos, y en especial nuestra vista, se ven continuamente asaltados por todo tipo de reclamos. La competencia por atraer la atención del espectador (en otras palabras, del cliente) es cada vez mayor. El reto para las empresas, independientemente del lugar y el sector en que se muevan, es atraer al público hacia sus productos y servicios y conseguir mantenerlos fieles en un mercado en constante movimiento. |
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Hoy en día, la forma en que las compañías se comunican con sus clientes y proveedores se está convirtiendo en el principal medio de diferenciación frente a la competencia. Nunca como ahora la comunicación ha jugado un papel tan importante en el éxito de un negocio. Ya no es suficiente con tener un buen logotipo, el esfuerzo debe trasladarse a todos los niveles en los que la empresa interacciona con el mercado, desde la forma en que se responde al teléfono hasta la imagen corporativa; el branding; empaquetado; folletos y publicaciones; publicidad; Internet, intranet y otras aplicaciones multimedia e interactivas... el diseño afecta a la totalidad, no a las partes. La falta de consistencia en el mensaje lleva a la duda, y la duda nos hace cautelosos. Esto puede no ser muy importante cuando el cliente no tiene alternativas, pero las tiene. Y lo sabe. |
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Al igual que la publicidad y las relaciones públicas, el diseño gráfico proporciona a las empresas e instituciones una herramienta fundamental para informar a la gente, moverlos a la acción e influir de forma decisiva en la forma en que perciben sus productos, servicios, y a las propias compañías. El diseño gráfico puede, de hecho, transformar valores intangibles (espíritu, actitud, personalidad) en objetos tangibles que el público interpreta de forma inmediata. |
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